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Vecinos destacan la declaración de Peluffo como área ecológica protegida: “Era un sueño para nosotros tener esta ordenanza”

Tras la aprobación de la ordenanza que declara al barrio Peluffo de Villa Luzuriaga como Área Ecológica Protegida, David Torrijo, integrante de la agrupación vecinal Peluffo Verde, repasó casi dos décadas de trabajo comunitario, reflexionó sobre el valor de los árboles y sostuvo que la verdadera transformación comienza con pequeños gestos cotidianos.

Por Giuliana Caivano

El Honorable Concejo Deliberante de La Matanza aprobó por unanimidad la ordenanza que declara al barrio Peluffo, en Villa Luzuriaga, como Área Ecológica Protegida.

En este sentido, la iniciativa reconoce el valor ambiental del sector, caracterizado por su arbolado histórico, su biodiversidad y la presencia de numerosas especies de aves.

Es así que detrás de ese logro hay casi dos décadas de trabajo sostenido por vecinos que impulsaron estudios, campañas de concientización y acciones concretas para preservar uno de los pulmones verdes más importantes del distrito.

David Torrijo, integrante de Peluffo Verde, aseguró ante esta Agencia que la aprobación representa mucho más que una norma: “La sensación es de una alegría enorme. Era un sueño para nosotros tener esta ordenanza”, resumió.

Según explicó, el objetivo nunca fue impedir el desarrollo urbano, sino demostrar que es posible crecer respetando el patrimonio natural del barrio.

“Todo lo que nosotros intentamos defender no lo decimos porque somos unos fanáticos. Está documentado por organismos oficiales, universidades y especialistas que estudiaron la riqueza forestal y la biodiversidad del lugar. Tenemos algo que no existe en muchos otros barrios y queremos cuidarlo”, sostuvo.

“No estamos en contra del asfalto ni de que la gente venga a vivir acá. Lo que queremos es que quien llegue lo haga en armonía con la naturaleza”, explicó.

Una lucha que lleva casi dos décadas

La historia comenzó aproximadamente en 2007, cuando un grupo de vecinos presentó por primera vez un proyecto para proteger el barrio. Ese expediente se perdió y debió volver a iniciarse. Con el paso de los años fue actualizándose hasta convertirse en la ordenanza aprobada recientemente.

Torrijo, vecino de Lomas del Mirador, se incorporó al movimiento una década después.

“Soy profesor de Educación Física y siempre venía a esta zona por mi trabajo. Cuando me enteré de que existía una organización de vecinos que buscaba proteger este lugar me sumé inmediatamente. Si milito por algo, es por la naturaleza: por la flora, la fauna y los animales”, contó.

Desde entonces, la organización impulsó distintas acciones comunitarias y desde la pandemia plantaron más de 450 árboles junto a vecinos.

“Íbamos casa por casa preguntando quién quería un árbol. Nosotros lo llevábamos, lo plantábamos y solamente pedíamos que después lo regaran. Muchos de esos árboles hoy ya forman parte del paisaje del barrio”, indicó.

Además, crearon circuitos aeróbicos señalizados donde cada cartel explica las características de las especies arbóreas y aves presentes en la zona.

“La idea es que la gente no solamente pase por ahí, sino que conozca lo que está viendo. Que un árbol deje de ser un árbol cualquiera y pase a formar parte de la identidad del barrio.”

A lo largo de la charla, Torrijo insistió en una idea que atraviesa todo el trabajo de Peluffo Verde a lo largo de estos años y es recuperar la sensibilidad frente a la naturaleza, generar una conciencia en los vecinos del distrito.

“Vivimos con tanta velocidad que muchas veces miramos un árbol, pero no lo vemos. Nos falta detenernos, contemplarlo, entender todo lo que nos da.” 

Para el militante por la protección de árboles, antes de decidir la tala siempre existen alternativas: “Podés podarlo, adaptarte, buscar soluciones. Cortarlo debería ser el último recurso.”

Torrijo cree que el cambio comienza en acciones sencillas que todos podríamos intentar.

“Cada uno puede poner dos árboles en la vereda y uno en el fondo de su casa. No hace falta pertenecer a ningún grupo. Lo importante es hacer algo.”

Para finalizar, hizo una reflexión que resume el espíritu del colectivo Peluffo Verde: “Recibimos este planeta prestado y tenemos la responsabilidad ética y moral de entregarlo, como mínimo, igual de bien de como lo encontramos”.

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