Un nuevo aniversario de la Masacre de Cromañón vuelve a poner en primer plano una de las tragedias más profundas de la historia reciente argentina. María Celeste Oyola, vecina de Villa Celina y sobreviviente de Cromañón, nos compartió su presente tras la tragedia, su participación en la serie, el auge y el después. “La memoria no puede quedarse en las pantallas ni en los homenajes”.

Por Giuliana Caivano
El 30 de diciembre de 2004, 194 personas murieron y más de 1.400 resultaron heridas en un boliche habilitado para funcionar pese a no cumplir las condiciones mínimas de seguridad.
El resultado de un entramado de desidia y corrupción estructural. A 21 años de la tragedia, el reclamo por justicia se escucha más fuerte que nunca, ante la impunidad y la falta de responsabilidad estatal.
María Celeste Oyola, vecina de Villa Celina y sobreviviente de Cromañón, nos comparte su presente tras la tragedia, su participación en la serie, el auge y el después. “La memoria no puede quedarse en las pantallas ni en los homenajes”.
A un año del estreno de la serie Cromañón, María Celeste valora la visibilidad cultural y los reconocimientos que obtuvo la producción, pero reclama acciones concretas del Estado, como la expropiación del predio y la confección de un padrón real de sobrevivientes, para garantizar acompañamiento y que la tragedia no se diluya en el olvido.
La emisión de Cromañón volvió a reabrir el debate público sobre la masacre de 2004 y acercó la historia a generaciones que no la vivieron.
Celestes reconoció que si bien la repercusión inicial fue intensa, con el paso de los meses, la atención mediática y social comenzó a disminuir. “Está bien que se premie la cultura; eso acerca a generaciones nuevas. Pero la memoria no puede quedarse en las pantallas ni en los homenajes”, afirmó, y añadió que esa visibilidad debe transformarse en políticas públicas efectivas.
“El año pasado había varios factores que nos pusieron en agenda: los números redondos, el estreno de la serie y la aprobación de una ley en la Ciudad”, explicó, y señaló que por eso la visibilidad fue mayor en 2024. Aun así, destacó el valor cultural del reconocimiento.
Oyola recordó además su vínculo con la serie ya que, si bien participó desde las primeras entrevistas y puso su experiencia a disposición, no es una serie basada en su historia.
Sobre el proceso personal de relatar lo vivido, dijo que la experiencia le dio “muchísima tranquilidad” y le permitió recuperar cierto control sobre su testimonio. “La serie me ayudó a poder empezar a pensar en descansar un poco de eso y permitirme hablar de Cromañón en el momento que yo lo sienta adecuado”, afirmó.
Celeste advierte que la memoria no puede quedarse en las pantallas. En este sentido, reclamó dos medidas puntuales que considera urgentes. La primera, la expropiación del predio de Cromañón para que funcione un espacio para la memoria que aloje testimonios y recursos accesibles; la segunda, la confección de un padrón real de sobrevivientes que permita saber cuántos son, quiénes son, dónde están y cómo están.
“Al día de hoy no sabemos ni quiénes somos, ni cuántos somos, ni dónde estamos, ni cómo estamos”, sostuvo, y advirtió que esa ausencia impide que el Estado acompañe a quienes necesitan ayuda.
La petición de Oyola combina reclamo y propuesta práctica: “El Estado tendría que ponerse a disposición para ofrecer herramientas y acompañamiento, sin imponer cómo se hace memoria, pero estando a la altura de las circunstancias”, dijo. Para ella, la memoria pública requiere tanto el relato cultural como medidas institucionales que garanticen verdad y atención a sobrevivientes y familias.

En paralelo con sus actividades, Oyola sigue trabajando en iniciativas comunitarias, como en la asociación civil Matanza Tierra Santa, donde realiza plantaciones de árboles en memoria de las víctimas y organiza charlas sobre compostaje y forestación. “Plantar árboles es dejar oxígeno para las generaciones que vienen”, explicó, y dijo que esas acciones forman parte de una manera activa de recordar.
Para finalizar, Celeste apuntó que celebra que la serie haya reabierto el debate y recibido reconocimientos, pero insiste en que la atención social se sostiene con políticas públicas claras.
“Tenemos que poner el foco en recordar y en recordarnos qué nos pasó como país y recordar la memoria de los pibes que ya no están”, concluyó.


